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domingo, 19 de mayo de 2013

VODEVIL ZARAGOZANO



Si el vodevil es una comedia de enredo, bufa y paródica, encaminada a hacer reír incluso cuando se pone solemne y trágica, los acontecimientos que han tenido lugar en la capital maña en relación con las dos charlas que hice en ella, los días 9 y 10 de mayo, son, en efecto, un opereta cómica, un vodevil.
         
Empecemos por los hechos. Me invitan a hacer dos charlas, una el 15-M, el día 9, otra la Cooperativa Integral Aragonesa, el día 10. El contenido de ambas está en relación con la noción de revolución integral. Hasta aquí todo normal, he hecho muchos actos públicos con el 15-M, y también he realizado bastantes con cooperativas y colectivos autogestionados, rurales y urbanos, cientos en los últimos cinco años.
         
Lo que no había sucedido en ningún lado es la enorme campaña de calumnias e intimidación desatada desde días antes, de una violencia y persistencia descomunales. Las amistadas de allá me decían que alguna gente estaba asustada, que había una opresiva sensación de miedo, de que podía suceder “algo”.
         
No se trataba de críticas legítimas, que las admito, promuevo y además cuelgo en mi Blog (con sólo tres condiciones, que no violen la privacidad de nadie, no contengan amenazas y estén firmadas por personas o colectivos reconocibles), en la sección “Críticas recibidas”, de mi Web, sino de una demonización en toda regla, haciendo de mi un autor “maldito”, acaso el único que por desgracia queda...
        
Hacer que los individuos tengan miedo es un modo de quebrantar su libertad de conciencia, de vulnerar su derecho a escuchar todos los puntos de vista e ideas, para que luego formen su propio sistema de convicciones con autonomía. Intimidar es también una forma de reventar un acto público, pues muchas personas no desean verse pilladas en agresiones y no acuden.
         
Que había en el aire una percepción de violencia se manifestó incluso en el coche de policía que se situó a la entrada del local en que se iban a celebrar la charla el día 9, al parecer para “evitar enfrentamientos”.
         
Lo obvio es que voy a la ciudad del Ebro a hablar de la revolución social integral y las fuerzas de la nueva reacción zaragozana se ponen en pie de guerra. 


jueves, 9 de mayo de 2013

NECESITAMOS UNA ESTRATEGIA


El obrar sin pensar no suele ser transformador. Cualquier proyecto, más si es complejo, exige una reflexión, por lo general difícil, tensa y prolongada, sobre sus condiciones reales, para elaborar un plan de acción. La tarea de estrategas y planificadores es estudiar lo real existente para diseñar una línea de actuación.

Incluso la estrategia más elemental es útil, siempre que sea lo bastante verdadera, esto es, acorde con las condiciones reales.
        
En las instituciones del poder abundan los estrategas y planificadores, pero en los medios “radicales” se opina que basta con un actuar irreflexivo, con dar palos de ciego. Este estado de ánimo puede ser explicado porque en una sociedad dividida en clases las funciones de pensar y decidir se las reserva una minoría mientras que a las clases populares se las asignan las tareas de ejecución, a través del cumplimiento de órdenes. Por eso no están habituadas a pensar estratégicamente, reduciéndose a hacer lo que les mandan, en el trabajo asalariado el patrono y en la totalidad de la vida el Estado. Lo suyo es “la acción”
        
Eso queda agravado por las malas prácticas asamblearias, y las reprobables actuaciones personales, que convierten en una interminable discusión, por lo general caótica y estéril, casi cualquier asunto que se trate. Esto lo que exige es reformar las asambleas y hacer responsables a las personas, no renunciar a formular una estrategia que culmine en el correspondiente plan o proyecto de actuación.
        
Se ha dicho que la estrategia es “un decir de un hacer”, una reflexión que se propone formular un plan de acción.
La clave del pensar estratégico es alcanzar una visión global, espacial y temporal. La primera considera la situación en su totalidad, la segunda en su movimiento, determinando no sólo lo que ahora es sino estableciendo su línea más probable de evolución. La estrategia es, ante todo, una visión de conjunto, una reflexión de conjunto y un plan de conjunto.
        
Estudiar las condiciones reales con fría objetividad, desechando posiciones optimistas o pesimistas, dejando de lado fantasías o temores, es imprescindible. Esto requiere hacer acopio de información, aunque sólo de la mínima estrictamente necesaria. Conocer con objetividad es la antesala del hacer con efectividad.
        
El buen pensamiento estratégico ha de comprender aquellos factores más esenciales, los que determinan. Esto requiere diferenciar lo principal de lo no-principal o secundario. Lo primordial es lo que establece la naturaleza de cualquier realidad. La estrategia se asienta precisamente en las cuestiones fundamentales, que a menudo son evidentes y que sólo la ceguera mental y el dogmatismo propios del ser humano impiden percibir. Se trata, por tanto, de tener los ojos y la mente muy abiertos.
        
El análisis estratégico no busca insuflar “optimismo”  y “ganas de hacer”. Su objetivo es localizar lo real y no lo deseado, lo existente pero no lo soñado. Esto demanda determinar con rigor lo positivo y negativo de la situación y, también, lo positivo y negativo de nosotros en tanto que fuerza transformadora. Sin una visión realista de sí, sin la admisión de las propias carencias, no hay estrategia posible.
        
Lo positivo y negativo de cada cosa situación, proceso y sujeto se han de analizar en su interrelación y mutua dependencia, como unidad de contrarios, así como en su temporalidad y cambio.
        
Dado que todo lo real está en continua mutación hay que contemplar cualquier situación no sólo como es ahora sino como será en el futuro, según sus leyes de automovimiento. Por lo general, el futuro no está determinado de manera absoluta, y contiene varias posibilidades. Hay que establecer con el análisis la más probable, la menos probable y las formas intermedias, ajustando a continuación el propio obrar a cada una de ellas, en conformidad con las metas fijadas.
        
La estrategia localiza lo seguro, lo factible, lo posible y lo imposible, estableciendo para las opciones intermedias el grado de probabilidad. Conviene, además, fijar una línea de actuación definida para responder a cada una de las posibilidades.
        
Todo lo expuesto hace que la estrategia proporciones previsión, anticipación e iniciativa. Mantener la iniciativa demanda poseer una visión estratégica, para poder ir dando respuesta a los problemas del día a día sin el perder el norte. Ante cada cuestión específica hay que formular una táctica, que se piensa desde la concepción estratégica y opera a su servicio.
        
Una estrategia para el conjunto y una táctica para cada cuestión particular es lo que nos permitirá alcanzar los objetivos deseados. La estrategia posee, además, sus fases o etapas, mientras que la táctica queda circunscrita a lo coyuntural.
        
Al final del proceso de análisis de la realidad se suele alcanzar una situación en la que ni los asuntos son del todo comprendidos ni las conclusiones pueden ser absolutamente claras. Alcanzada esta situación de incertidumbre relativa hay que atreverse y hacer una elección, hay que optar. Esto incluye un riesgo, que se debe admitir con intrepidez y audacia, considerándolo un derivado inevitable de lo finito y limitado de la mente humana, incapaz de un conocimiento completo y perfecto, por tanto de una planificación totalmente acertada.
        
Quienes deseen saberlo y comprenderlo todo antes de formular un plan y pasar a la acción, ansiosos por alcanzar una seguridad plena, nunca lograrán hacer nada.
A lo largo del proceso de aplicación de la estrategia hay que, por un lado, persistir en aplicar el plan formulado y, por otro, abrirse a los cambios, las situaciones inesperadas y los nuevos conocimientos adquiridos. Una combinación de persistencia y flexibilidad es lo apropiado.
        
La división en fases, o etapas, del plan estratégico suele ser necesaria. Hay que establecer las metas a cubrir en cada una de ellas, para alcanzar su totalidad. Al mismo tiempo, una estrategia unifica fines y medios, metas y posibilidades.
        
Una parte de cualquier estrategia es la formación de las personas que se implican, asunto mucho más importante en el tiempo presente, el de los seres nada. Toda estrategia ha de ser un espacio para formar al sujeto, pues en definitiva lo que cuenta es la calidad de las personas.
        
Cada cierto tiempo el proyecto estratégico necesita ser revisado, para introducir las correcciones que la marcha de los acontecimientos, o depurarle de los errores que se hayan puesto en evidencia en el proceso de su aplicación. Conviene fijar plazos para hacerlo.
        
Si hay que formular una estrategia para los proyectos colectivos no menos importante es hacer lo mismo para la actividad y el compromiso individuales. Todo ello se fundamenta en crearse un hábito de pensar desde la realidad, excluyendo apriorismos, dogmatismos y emocionalismos, sobre la base de unos hábitos auto-creados de observar e investigar reflexivamente lo existente.
        
A pensar estratégicamente, a elaborar un plan de acción y a realizarlo se aprende haciendo. Por tanto: adelante.
        
Con una estrategia colectiva y, al mismo tiempo, una estrategia de cada individuo, interiorizados los hábitos de observar, investigar y reflexionar, quizá podamos cumplir las metas prácticas que nos hemos propuestos. Todo depende de la objetividad del plan estratégico, de la habilidad para operar tácticamente, de la energía y el coraje con que se aplique y, sobre todo, de la calidad de las personas.


Félix Rodrigo Mora                                                                                                             

jueves, 4 de abril de 2013

14 de abril: LA REPÚBLICA DEL MÁUSER


        
Un año más la izquierda procapitalista, y una parte cada vez mayor de la derecha y la extrema derecha, aprovechan el 14 de abril para “vender” las maravillas, dones y milagros que nos traerá un régimen republicano, burgués y estatal por supuesto, en el cual la banca, el gran capital, el ejército, la pedantocracia, los poderes mediáticos y, cómo no, los partidos políticos, tendrían todo el poder, mientras que el pueblo/pueblos no tendría ninguno poder real.
       
Dicen que la forma republicana de dictadura y dominación es una “democracia”…, pero bajo el régimen parlamentario y partitocrático no puede haberla, porque todas las decisiones las toman los partidos, la banca, el parlamento, el ejército y las multinacionales. ¿Existe hoy democracia en Francia?, ¿en Portugal?, ¿en Italia?, ¿en Irlanda?, ¿en Grecia?
       
Esos países soportan una dictadura de las elites políticas y económicas que adopta la forma de república. Todos son capitalistas y padecen una crisis igual o peor que la nuestra. En todos el pueblo/pueblos es expoliado, vejado, humillado y nulificado.
       
Por tanto, ni monarquía ni república burguesa, revolución integral y gobierno por asambleas.
       
Empero, sea cual sea el ideal político de cada quien lo que no es de recibo, en lo intelectual y en lo moral, es el engaño. Porque, ¿es posible llamar “democracia” a la II república española del 14 de abril de 1931? No, puesto que fue tan represiva y policiaca que realizó constantes matanzas de obreros, campesinos, mujeres, etc.
       
Las clases modestas salían a la calle y allí estaba la guardia civil (o la guardia de asalto, republicana al ciento por ciento y autora de algunas de las más terribles carnicerías, la de Casas Viejas en 1933) con su fusil, el máuser. Disparaba y quedaban tendidos en el suelo, muertos, heridos y mutilados, un buen número de personas.
       
Sucedió en Sevilla, Pasaia, Barcelona, Arnedo, La Aguilera, Zalamea de la Serena, Épila, La Puebla de Don Fadrique, Linares, Gijón, Figols, Letur, Cieza, Albalate de Cinca, Rairiz de Veiga, Hermigua, Tallo, Xátiva, Bustillo del Monte, Archidona, Corral de Almaguer, Fabero, Tineo, Palacios de Goda, Castellar de Santiago, Herrera de Pisuerga, Parla, Terrassa, Figueres, Gallarta, Madrid, Puertollano, Casas Viejas y muchas más poblaciones, en el bienio republicano y socialista, 1931-1933. Luego la II república realizó la represión de la insurrección asturiana -trayendo tropas musulmanas mercenarias de Marruecos- con cientos de muertos. A continuación, el gobierno de Frente Popular, una coalición entre los republicanos burgueses y la izquierda procapitalista, perpetró la quizá peor de todas las carnicerías que tuvieron lugar bajo la bandera tricolor, roja-amarilla-morada, la de Yeste (Albacete) en mayo de 1936, no siendo, ni mucho menos, la única de ese periodo.
       
Si la república del Frente Popular fue “popular”, ¿cómo explicar la épica huelga general que hicieron los trabajadores de la construcción en Madrid, desde el 1 de junio de 1936 al 19 de julio? Eran 85.000, con el apoyo de toda la clase obrera, que resistieron a la represión republicana e hicieron retroceder a la patronal.
       
Todo eso manifiesta que la del 14 de abril fue la república del capital, el ejército, la guardia civil, los terratenientes, el colonialismo y racismo en Marruecos, el patriarcado más refinado, y sobre todo la república del terror, con 2 muertos y media docena de heridos por bala a diario. Fue LA REPÚBLICA DEL MÁUSER.
       
Quienes ahora desean cambiar la monarquía por la III república y modificar las formas políticas y la bandera para que todo siga igual y la revolución no avance deberían, al menos, ser honrados y decir la verdad sobre la II república, ese régimen de la sangre, las torturas y otras formas cotidianas de violencia institucional.
       
Por ejemplo, Julio Anguita es republicano (burgués) y se las da de “ético”. Bien, necesitamos de la ética a fin de crear una sociedad moral, que para serlo ha de ser una sociedad contra el capitalismo, siempre inmoral, y no a favor de él como preconiza Anguita. Pero si sus intenciones son honradas, ¿por qué no dice la verdad sobre la II república?, ¿por qué oculta que fue una máquina de matar, que fue LA REPÚBLICA DEL MÁUSER?
       
Si Julio u otros lo ocultan o niegan hagamos un gran debate público, ¿se atreverá el republicanismo burgués y estatolátrico a debatir con los datos encima de la mesa? Probablemente no porque perderían y porque su mundo es el de la mentira y la demagogia, pero debemos intentarlo.
       
Sea cual sea la posición de cada cual ante la política actual hay que poner fin al mito ultra-reaccionario de la II república, a la miserable charanga ultramontana y chabacana, la nueva España negra que cada 14 de abril saca a la calle la bandera tricolor, que sirvió para asesinar a miles de personas. La verdad emancipa, y pocas verdades nos son ahora tan necesarias como las referidas a nuestro pasado. Porque verdad y revolución son uno y lo mismo.
       
Por tanto: exijamos un debate abierto, público, popular y de masas. Reivindiquemos una gran controversia con fundamento sobre qué fue la II república. Cuando una parte cada vez mayor del gran capital y del aparato estatal español están planeando sustituir la monarquía borbónica por la III república, eso es imprescindible.
       
No aceptemos que los políticos profesionales nos dominen con la mentira. La verdad ha de estar por encima de todo, y muy por delante de la política. 

martes, 2 de abril de 2013

BOLIVIA: EL SURGIMIENTO DE UNA NUEVA BURGUESÍA INDÍGENA



Bajo este título es publicada la esclarecedora entrevista efectuada al investigador Diego Ayo, por el periódico Pukara de La Paz, en la que pone al descubierto los perversos mecanismos utilizados por la nueva élite en el poder en Bolivia para desarrollar plenamente un capitalismo populista de corte indigenista. Denuncia Diego Ayo en su investigación que la llamada Revolución Democrática prometida por Evo y los suyos tiene como objetivo estratégico alcanzar una especie de Estado de bienestar a lo indígena, con la utilización de consignas tan patéticas y pancistas del tipo “vivir bien” en el “socialismo comunitario”.

Lo que denuncia Diego Ayo es un proyecto estratégico -puesto ya en marcha- para desarrollar una auténtica neo-revolución burguesa dirigida por las nuevas élites “indigenistas”. Ya lo advirtió Evo desde el principio de su mandato “ya tenemos el poder político, ahora hay que buscar el poder económico”. Poner en marcha este proyecto, en un país neocolonizado por el imperialismo, sin una articulación de clases “adecuada” para la “modernización en curso” requiere promover una salvaje “acumulación originaria del capital”, aprovechando la coyuntura económica favorable, la expoliación de los recursos naturales, como el gas, y promoviendo un capitalismo especulativo, gansteril y brutalmente explotador de las clases trabajadoras.

Realmente, la estrategia de poder iniciada por la élite indigenista que encabeza Evo, es un  episodio más de los ya conocidos en las múltiples experiencias históricas, como sucedió en Cuba con Fidel y Venezuela con Chávez. Se trata únicamente, desde el ejercicio del poder del Estado, y la plena connivencia del ejército, desarrollar una casta burguesa nativa, para cuyo sostenimiento se recurrirá a una fuerte burocratización y militarización del Estado, con la profusa utilización de variados discursos revolucionaristas, incluidas las referencias a Bolívar, Fidel, Chávez y hasta El Ché. Sin embargo, lo investigado por Diego Ayo nos descubre una realidad bastante diferente a lo que se argumenta por los voceros del poder actual: existe una decisión política de formar una nueva élite del poder en Bolivia, una nueva burguesía indígena, pero burguesía, capitalismo y Estado al fin.

Otra cuestión importante es la que se refiere al papel del Estado como auténtico impulsor de esta estrategia neocapitalista, populista y burocrática, con el “adorno” indigenista como fórmula para vestir este tipo de proyecto para así hacerlos más viables en el seno del pueblo. En esta escenificación se alcanzan realmente niveles estrambóticos, como la promoción de las ceremonias religiosas indígenas, al tiempo que se promueve una “revolución espiritual” cuya eje central es precisamente el individualismo liberal más cutre, con la excusa de “combatir la superstición”.

La importancia de la función del Estado como aparato vertebrador de un proyecto estratégico neocapitalista populista se evidencia en las iniciativas tendentes a la configuración de las élites de poder futuras. Para ello se utiliza abrumadoramente el sistema educativo, y en particular, la universidad. Como nos dice Diego Ayo, la mayoría de las carreras universitarias han sido copadas por estudiantes de extracción aymara, dice textualmente: “los indígenas que guiarán al país serán, por decirlo de algún modo, indígenas “ilustrados”, seguramente legitimando su actividad con un discurso proclive a defender lo indígena”.

Finalmente, otra cuestión decisiva es la que se refiere a la pomposa propaganda del llamado Estado plurinacional de Bolivia. Diego Ayo, con su investigación titulada “El Estado Empresarial Autonómico como motor del capitalismo político en Bolivia. Continuidades y rupturas con la Participación Popular como partera de nuevas élites”, pone al descubierto la verdadera naturaleza de este proyecto de Estado. La instrumentalización del Estado para llevar a efecto la planificación integral de la economía capitalista y la consecuente organización territorial del Estado, lo define Diego Ayo como “capitalismo político”. Ese Estado “plurinacional”, local y autonómico, juega un doble papel, el económico y el político. En la vertiente económica se rentabiliza mejor la explotación nacional de los recursos, favoreciendo el crecimiento de las élites burguesas indigenistas, y en lo político, se estructura un poder de ámbito “territorial” que da la apariencia adecuada de resolución del problema “étnico-local”. Los instrumentos políticos del Estado han consistido en el impulso de un conjunto de leyes y normas reglamentarias iniciadas con la Ley de la Municipalidad, la Ley del Diálogo Nacional, Ley de Hidrocarburos, y finalmente, en 2009 la Ley Marco de Autonomías y Descentralización. Sin embargo, la realidad muestra la verdadera naturaleza especulativa y monopolista de la estrategia económica que reside tras estas normas. La cuestión de fondo es el peso masivo de la explotación del gas y cómo repercute en el conjunto de la economía. Se favorecen las importaciones, el comercio y los servicios. Desde una perspectiva “capitalista-nacional” ¿Dónde queda la productividad? Respecto de la participación local en la economía, sólo palabras puesto que, conforme a los datos que aporta Diego Ayo, el 99% de las empresas no pertenecen a los propios municipios. Se puede hablar por tanto de una auténtica fuga de capitales locales. El resultado es una economía capitalista desarticulada, neocolonial, con el fomento del consumismo en el ámbito local, favoreciendo el crecimiento vertiginoso del número de empresas que los grupos asociados al poder ponen en marcha: en 2005 no habían más de 5000 empresas y hoy pasan de 60 mil.

En definitiva, el ejemplo de “revolución democrática” de Evo Morales y las nuevas élites de poder “indígena” en Bolivia, con su demagógica y absurda consigna de “vivir bien” en el “socialismo comunitario” no es más que la careta tras la cual se esconde la verdadera estrategia de consolidación de nuevas redes de explotación y opresión del pueblo boliviano en el marco de estructuras de poder clásicas.




domingo, 31 de marzo de 2013

SEGUNDO ANIVERSARIO: EL 15-M O LAS DESVENTURAS DE LOS SERES NADA EN LA SOCIEDAD ABERRANTE




En el segundo aniversario del “gran acontecimiento” que, según los profesionales del activismo irracional y socialdemócrata, iba a hacer que ya nada fuera “como antes” hay muy poco que celebrar. Del aparatoso espectáculo callejero, fácil y simplón, apenas quedan activos escasos y dispersos fragmentos(1). La montaña no ha parido un ratón sino algo aun más minúsculo, una pulga anémica…
        
Es el momento de la reflexión dirigida a aprender, de hacerse responsables de lo sucedido, de practicar aunque sólo sea un poco el arte del balance y la autocrítica. Pero es seguro que quienes tanto vociferaron hace dos años, prometiendo maravillas y prodigios desde lo que era más apariencia, montaje y entretenimiento que sustancia, permanecerán ahora callados, pues tales “líderes” jamás se equivocan, por tanto, nunca se hacen responsables de nada.
        
El 15-M, si algo ha mostrado a las personas que deseen usar su propia cabeza, y que eviten frivolizarlo y juguetizarlo todo, es la patética incapacidad intelectiva, oratoria, relacional, volitiva, ética, erótica y estética del sujeto de nuestra sociedad, él y ella. En particular, el activista y la activista de los movimientos y del reformismo han manifestado ser ineptos e inhábiles para hacer algo que sea serio, efectivo, constructivo, duradero, transformador y con altura de miras, por no decir revolucionario.
        
Tantos años de servir a la política socialdemócrata, de ir a la zaga del PSOE, de prosternarse ante esa horripilancia que son las religiones políticas de la progresía, la izquierda y el anarcoestatismo, de hacer del Estado el “remedio” a todos los males y de practicar un “anticapitalismo” de pega ha terminado por detonar el cerebro de estas gentes. Eso ha hecho de ellas tristes caricaturas de seres humanos, incompetentes e inútiles para todo lo que no sea pasear pancartas y vociferar consignas socialdemócratas, impuestas desde el poder, justamente los lemas que han destruido nuestra sociedad y nos han destruido como seres humanos.
        
Lo que ha dejado tras de sí el 15-M, en tanto que proyecto abortivo o gran espectáculo-nada realizado por el muy degradado individuo propio de la sociedad actual, el ser nada, ha sido decepción y frustración, tirria al asamblearismo, resignación, pasividad, desmovilización y una mentalidad aún más individualista y egotista, que se manifiesta en el ahora “remedio” universal a la crisis general de las sociedades europeas, el “sálvese quien pueda”.
        
No menos inofensivas y anodinas están siendo las diversas “huelgas generales”, los 25-S (2), 23-F y los similares que vendrán, el arrastrar pancartas con consignas socialdemócratas y las movilizaciones corporativistas por dinero. Eso es menos que nada, menos que cero, enamorarse de la propia impotencia e incompetencia. El sistema de dominación ya no puede otorgar limosnas, como hace años, y los reformistas de toda laya tienen en el presente muy poco espacio para sus demagogias.
        
Quienes lo esperan todo de tales prácticas están ahora en su peor momento, reducidos a grupos ínfimos, desmoralizados y en evidencia, aislados de la sociedad, sin conexión con la realidad, convertidos en un gueto que tiende a encogerse y disminuir. Su liquidación de hecho definitiva puede durar más o menos pero es segura. Los y las que sigan aferrándose a todo eso de buena fe han de saber que se están precipitando en la nada. La situación de la sociedad ha cambiado radicalmente en los últimos años pero los devotos del movimentismo socialdemócrata pro-sistema no han cambiado en nada…
        
Hay que buscar nuevas vías a la transformación social y personal, alejadas de las tabarras socialdemócratas, las parodias de asamblearismo, las mentes vaciadas de todo contenido y toda reflexión, la ciega fijación en los “remedios” estatales, el activismo que hace a las personas envilecidos autómatas que se agitan convulsivamente, el “olvido” de que la calidad del sujeto es decisiva, el no abordar los pavorosos problemas convivenciales, el desprecio por las necesidades espirituales, la demonización de la ética, la prosternación ante las religiones políticas y la fijación maniática en lo económico, lo reivindicativo, lo monetario y lo “práctico”. Es todo eso lo que ha fracasado, en buena hora.
        
Y ha fracasado cuando las sociedades europeas se deslizan hacia un futuro cada vez más difícil y tenso, en un proceso irreversible. Al mismo tiempo los instrumentos políticos, sindicales, ideológicos, culturales, académicos, pseudo-estéticos y mediáticos de que se ha servido el sistema de dominación hasta ahora se están paso a paso desintegrando, lo que es un acontecimiento de una notable potencia emancipadora.
        
La crisis actual es muchísimo más que una disfunción de la economía, es el hundimiento de un modo de vida, un modelo de sociedad, una escala de disvalores y un tipo de sujeto (o infra-sujeto), el ser nada de la última modernidad.
Estamos, pues, ante una situación doblemente positiva y esperanzadora, por lo que el 15-M ha mostrado y enseñado, y por la evolución general de nuestras sociedades. No es para gritar ¡albricias! pero casi…
        
Ahora las luchas, tareas y estructuras reivindicativas o parciales han de ser lo secundario, y la organización estratégica de la revolución lo principal. Necesitamos poner en pie un movimiento articulado para la regeneración y refundación universal de la sociedad y de la persona.
        
Lo reivindicativo sólo es positivo si es secundario, si está en el marco de un programa revolucionario, si nos ocupa un tiempo limitado. En caso contrario es negativo. El 15-M fue potente mientras se presentó como un movimiento para la regeneración total de la sociedad y se destruyó cuando degeneró en montaje reivindicativo, una especie de nuevo sindicato ocupado en “lo concreto”.
        
Quienes siguen venerando las pequeñas cuestiones, los asuntos más ínfimos y los proyectos carentes de grandeza y universalidad se están haciendo marginales por propia elección. Hoy la gran crisis general en desarrollo de las sociedades europeas exige pensar en el todo, arriesgarse por el todo y entregarse a la totalidad finita de los grandes problemas.
        
Aquellas y aquellos que desean lo fácil, lo agradable, lo pequeño, lo insustancial, no se dan cuenta de que la historia ha cambiado de etapa, de que vivimos en otro momento, muy diferente al de, por ejemplo, hace sólo cinco años. En efecto, una sociedad que se está desplomando como todo requiere una respuesta como todo.
        
Quienes desean volver al bienestar fisiológico y al consumo enloquecido y ecocida anterior a 2008 son ahora los peores reaccionarios. Hay que decir no a la utopía atroz de un capitalismo que “funcione”, hay que mirar con ilusión hacia adelante, hacia una sociedad libre, autogobernada y autogestionada, sin trabajo asalariado y sin capitalismo, por tanto, sin ente estatal.
        
Necesitamos hacer un programa mínimamente desarrollado de la revolución integral, cuyo fundamento ha de ser la idea misma de revolución, como gran transformación a realizar en un dilatado proceso histórico, que modificará de raíz la sociedad, el individuo, el sistema de creencias y el modo de ser y existir de la persona.
        
Dada la descomposición inducida desde arriba del sujeto y la general caotización e hiper-degradación de la vida social promovida desde las instituciones, la asamblea, durante un tiempo, no podrá ser la forma principal de organización, como se ha manifestado en los hechos, lo que no significa, por supuesto, que no deba usarse en muchas condiciones y lugares. Lo son los colectivos de acción y reflexión, formados por un reducido número de personas auto-seleccionadas por su compromiso y capacidad personal, manifestados en actos individuales. Ahora es tiempo de minorías conscientes. Tales colectivos deben conectarse entre sí.
        
El primer paso es comprender nuestra época, examinar la realidad y formular una estrategia general. Sin estrategia sólo puede haber estériles palos de ciego. Una estrategia lleva a un plan de acción. El plan realiza la revolución, acontecimiento que no es puntual, debido a que ha de ocupar todo un dilatado espacio histórico. Previamente, la estrategia se formula desde la más rigurosa y objetiva observación pensante de la situación existente.
        
La verdad dimana de la realidad aprehendida, no de las teorías, las escuelas de pensamiento y los dogmatismos. Hay que realizar la autogestión del saber y el conocimiento, para lograr grados razonables de libertad de conciencia, autonomía colectiva e individual y ejercicio soberano del libre albedrío.
        
Necesitamos ideas (verdaderas) e ideales (sublimes) que den respuesta revolucionaria a los grandes problemas de la sociedad y el ser humano, y necesitamos además librar con ellos una muy larga y porfiada batalla de las ideas. Son las ideas-ideales los que mueven a las sociedades, construyen a las personas y hacen las revoluciones, no los intereses materiales, menos aun las luchas reivindicativas, mitificadas por quienes se llaman “anticapitalistas” pero son más burgueses que los propios burgueses.
        
Los seres humanos, mientras lo sigamos siendo, nos movemos por el cerebro y el corazón, y sólo secundariamente por el estómago. Son la burguesía y sus agentes quienes ponen en primer lugar a éste para destruirnos como personas y hacernos esclavos.
        
Formular las ideas e ideales es la fase previa a crear opinión pública con ellas, a realizar un gran debate en toda la sociedad que permita culminar un proceso de acumulación de fuerzas y de autoorganización de las y los más conscientes. Tenemos que crear grandes ideas y decisivos ideales, libres de academicismo, de pedanterías, de cualquier mentalidad libresca, como algo vivo, genuino, popular y auténtico, que conecte con lo más esencial de nuestro tiempo y de sus gentes, que llegue al entendimiento y al corazón de las personas, que persuada, emocione y mueva a la acción al mismo tiempo.
        
Cuando todo está siendo puesto en cuestión por el derrumbe múltiple de las sociedades europeas, que se va a seguir dando durante decenios y decenios, hemos de esforzarnos en ofrecer un enfoque revolucionario de todos y cada uno de los más primordiales problemas de nuestro tiempo, realizado desde lo experiencial, el sentido común trascendente, la voluntad de sublimidad, la reflexión estratégica y la grandeza del ánimo, sin doctrinarismos ni dogmatismos ni fanatismos.
        
Quienes en la situación actual se queden en las pequeñas cuestiones, en las demandas monetarias, reivindicativas y cotidianas, sin saberse elevar a lo decisivo, universal y trascendente, se condenan a la marginalidad y a la nada porque nuestro tiempo exige un gran giro civilizador que afirme y reafirme lo humano durante los próximos siglos.
        
Sin abordar de manera práctica la autoconstrucción de la persona hoy no es posible hacer apenas nada. La responsabilidad individual es decisiva, y el victimismo resulta muy dañino. Si algo ha mostrado el 15-M es que la ínfima calidad del individuo medio hoy hace imposible toda acción colectiva transformadora que vaya más allá de mendigar dinero, lloriquear para que el Estado nos “salve” y plantear mezquinas exigencias corporativas. Hoy el capital, cuya tasa de beneficio está en declive, y el Estado, semi-arruinado, no pueden atender la inmensa mayoría de las demandas populares, ni siquiera las más modestas.
        
Por eso la construcción prepolítica del sujeto es ahora una tarea imprescindible. Tenemos que mirar lejos, que hacer planes a largo plazo, con sentido del devenir histórico, sin dejarnos ganar por el ansia de logros inmediatos, hoy imposibles además, incluso para el reformismo más ramplón.
        
Porque estamos en una sociedad aberrante en todos los sentidos, y con un sujeto destruido intencionadamente por el poder, necesitamos avanzar por medio de procedimientos muy complejos e innovadores. Quienes deseen seguir caminos fáciles terminarán como el 15-M, en la nada. Los viejos modos, miles de veces fracasados, ya no valen, como prueban los hechos.
         Cuando casi todo se está derrumbando a nuestro alrededor hemos de crear un polo atractor de la acción y el pensamiento, de la esperanza y la formación de las personas, de la honradez y la voluntad ética, con un proyecto y programa revolucionario que reconstruya lo humano y al ser humano. Nuestra meta es “vencer por virtud”.
        
Las ideas y los ideales son los que mueven a los seres humanos, no los intereses. Una revolución realizada desde los intereses por eso mismo no es revolución, porque le falta la universalidad, el desprendimiento, el sentido de la justicia y la grandeza del ánimo que tal acontecimiento demanda.
        
Las y los activistas socialdemócratas no logran comprender la importancia crucial de las ideas, y de su aplicación a la totalidad de lo humano, los ideales, por lo que son incapaces de poner manos a la obra en la tarea más urgente y decisiva ahora: crear y difundir ideas e ideales.
        
Los valores, la ética en principios y actos, son fundamentales. Sin una revolución axiológica, o en los valores, no puede haber revolución. Sin sujetos autoconstruidos desde la autoexigencia y voluntad de servicio no se puede avanzar. “Vencerse para vencer” es un principio de enorme significación ahora.
        
Los cambios necesarios no nos los va a regalar nadie, ni un partido, ni un político, ni un pensador, ni un movimiento, ni nada que no sea cada una y cada uno de nosotros, solos y asociados. Tenemos que adquirir un compromiso íntimo y personal, realizando una elección y una volición, con inteligencia, visión estratégica, voluntad de llegar a toda la sociedad, creatividad, audacia y afán de pluralismo.
        
Cada una y cada uno de quienes han participado en el 15-M tiene que hacer su propio balance, evitando esa trampa mortal que es el victimismo (culpar a los otros y exculparse a uno mismo haciéndose irresponsable e hipercrítico con los demás), admitiendo los errores y defectos personales con agudeza y valentía, para fijar su propio plan personal de reflexión, acción, compromiso y expiación.
        
Son las minorías dotadas de calidad autoconstruida las que pueden aportar hoy algo útil a la gran tragedia (que a la vez es una gran oportunidad) de la desintegración de las sociedades europeas. Los populismos de pega, el delegar en la asamblea y el igualitarismo simplón ya han fracasado en el 15-M. Se trata de minorías, por supuesto, operando dentro del pueblo y vinculadas a él pero no atrapadas y anuladas por las luchas de supervivencia ni por las movilizaciones en pos de metas parciales, ni tampoco degradadas por el afán de situarse al mismo nivel de las masas. La sociedad del adoctrinamiento y el amaestramiento domina y deshumaniza a éstas, haciéndolas reaccionarias. Las masas hoy son un apéndice del sistema de dominación y arrodillarse ante ellas es hacerlo ante el statu quo.
        
En la epopeya de crear una nueva sociedad, un nuevo ser humano y un nuevo sistema de convicciones y valores las mujeres han de ocupar los puestos de avanzada. Sin su participación no puede haber revolución. Ellas son del todo decisivas.
        
Vamos a crear un colectivo organizado y articulado, al ser una suma de grupos y personas, que se base en lo más sustantivo del ser humano, los imperecederos ideales de verdad, libertad (de conciencia, política y civil), virtud cívica, bien moral, entrega desinteresada, convivencia afectuosa, espíritu de sacrificio, amor al amor, restauración espiritual, renuncia a la codicia, a la voluntad de poder y la vida muelle, fusión con la naturaleza, valentía y diligencia.
        
Una tarea posterior será elaborar un proyecto, programa y reglamento.
        
Las ideas e ideales son el factor consciente que las clases populares necesitan para elevarse a revolucionarias.
        
Lo colectivo es importante pero no siempre es imprescindible y a veces no es lo mejor. La acción individual alcanza a proporcionar logros formidables. Sola o solo puedes hacer grandes cosas, pues a veces el número entorpece, embaraza y frena. No te dejes chantajear mentalmente por la retórica colectivista y hazte tu propio plan de acción, no esperes a que otros se decidan, comienza tú, a solas si hace falta.
        
Vendrán nuevos movimientos populares similares al 15-M, se desencadenarán nuevas y más formidables movilizaciones. Lo importante es que cuando advengan estemos preparados, o que incluso seamos nosotras y nosotros quienes los promovamos.
        
No deseamos construir un gueto, ni una secta. Vamos a estar con la gente pero no a disolvernos en ella. Tenemos voluntad de originar un movimiento popular plural, que llegue al conjunto de las clases populares. Lo vamos a hacer por pasos, fases o etapas. Primero construir las ideas e ideales, el programa, el proyecto y su base organizativa. Segundo popularizarlo. Tercero, ir edificando una fuerza social que esté a la altura de los grandes retos del siglo XXI.
        
Ya somos cientos de personas compartiendo unas ideas e ideales comunes, todavía poco desarrollados pero sólidos, buenos y razonablemente verdaderos. Por tanto, podemos y debemos agruparnos, organizarnos, obrar colectiva e individualmente en las condiciones que se fijen. Si el 15-M ha fracasado nosotras y nosotros podemos lograrlo, pero no para mañana, no fácilmente, no sin esfuerzo, tensión y sacrificio. Recordemos: los caminos fáciles no llevan lejos.
        
Mis libros y otros materiales, escritos y audiovisuales, en su estudio, aplicación y difusión, así como los de otros autores, pueden servir de base a los grupos de acción y reflexión.
        
Nuestro proyecto, conviene repetirlo, no busca resultados a corto plazo, hoy imposibles en cualquier actividad por lo demás, no desea ser parte de la sociedad del espectáculo (como lo ha sido el 15-M), no hace promesas demagógicas, no ofrece nada sino que invita a la entrega y al esfuerzo desinteresado, y no está abierto a cualquiera. Ha de ser la organización consciente de quienes deseen servir al bien público, con virtud cívica, virtud personal y olvido de sí.
        
La grandeza y extrema dificultad de nuestras metas y propósitos garantiza nuestra autoconstrucción como seres humanos de calidad. Es tiempo de la épica y la trascendencia, de la acción auto-disciplinada y del espíritu de esfuerzo y servicio. Vamos a hacer la historia y no sólo a contemplarla y padecerla.     
         Ha llegado el momento.
                                                               30 de marzo de 2013

(1) Sobre las causas de esto remito a mi análisis “Pensar el 15-M”, en el libro colectivo “Pensar el 15-M y otros textos”. La imposibilidad de que exista un movimiento de masas con sentido transformador en las actuales circunstancias, de hiper-vilificación de la sociedad y mega-degradación del sujeto, está planteado en ese libro. Los hechos, infortunadamente, me han dado la razón.
(2) Sobre esta cuestión recomiendo la lectura de mi trabajo “El 25-S y la creación de una nueva casta partitocrática”, en el libro “Reflexiones sobre el 25S”, VVAA. Las propuestas de “proceso constituyente”, “frente cívico” y “III república” son las alternativas de recambio que está preparando el sistema de dominación para renovar su dictadura, de ahí que la crítica de aquéllas sea pertinente. Dentro del parlamentarismo, el régimen partitocrático, el orden estatal y el capitalismo no hay solución a los grandes problemas de nuestro tiempo y ahora ya ni a los pequeños, pues el sistema está agotado, se ha hecho rígido y no admite reformas, salvo las de tipo más lesivo y negativo para la gente común. La acción debe centrarse en la gente, en el pueblo, no en las instituciones.




jueves, 28 de marzo de 2013

DOS TRABAJOS RECOMENDABLES DE CÉSAR LEMA COSTAS















"Pan de bellota" 

 “Plantas y frutos silvestres comestibles”



"Al ser una artificialización de los agrosistemas, cualquier forma de cultivo crea daños por lo general crecientes en la fertilidad de los  suelos, al promover la erosión y  reducir la superficie arbolada, de donde resulta el declive de la pluviosidad, la  aridificación, la extensión de la sequía estival, el descenso del porcentaje de materia orgánica y el extremismo climático,  perjudicando de muchas maneras más a  la flora y fauna silvestres [1]. Ello se ha  agravado con el productivismo en vigor,  que está ocasionando el fenómeno de los  rendimientos decrecientes por envilecimiento extremo del terrazgo y el clima.

Las esperanzas puestas en la agricultura ecológica como pretendido remedio, no  están siendo confirmadas por los hechos [2], de manera que parece necesario  buscar posibles alternativas ajenas a toda forma de agricultura, si bien la meta es reducir en mucho la superficie dedicada a ésta sin eliminarla por completo. Que nuestro régimen nutricional dependa del cereal exige que enormes superficies sean desarboladas, o casi. Ello, en particular  en el área mediterránea, es funesto, pues origina, entre otros muchos males, una  sequía estival creciente en intensidad y duración que dificulta cada vez más la regeneración del bosque, pues las plántulas con  dificultad pueden superar estíos cada vez  más largos, secos y abrasadores. Ello podría remediarse reduciendo la dependencia  del cereal. El análisis histórico, de tiempos  remotos y del ayer inmediato, muestra que nuestros antepasados han incluido  en su dieta una alta proporción de frutos arbóreos, sobre todo bellota, pero también  castaña, hayuco, avellana y otros. En tales prácticas de antaño tenemos posibles remedios para los males del presente, si se aplicasen en el futuro." (Introducción del artículo de Félix R. Mora "Consumo humanos de bellota".


NOTA: Se pueden ver los libros completos